Todos queremos participar y agradecerle y pedirle…
........por otro año,
..................................por más
.....................................................y mejor.
No, no es agosto, pero en Amaicha se le rinde homenaje a la Pacha todo el tiempo… y en especial en febrero, entre espumas del “rey momo”, harina, talco y pinturas de colores.
Si, es carnaval y todos vienen, de las grandes urbes y de las esquinas más chiquitas del país.
Todos vienen y son iguales, con pelos blancos de tanta harina, caras rojizas de pinturas raras y la respiración agitada. Las horas pasan bien lentas, como si el hasta el tiempo se hubiera detenido a rendirle homenaje, a tomarse un patero y convidar en la apacheta un poquito a nuestra Pacha.
Y entonces llega la noche y empieza la fiesta, la música y el baile. Bailes de antes, de pañuelos de chinas presumidas y tímidas, de sarandeos y zapateos, de miradas, de sonrisas. Y soy feliz en Amaicha. Tan feliz que no quiero que nunca se acabe. Pero la espalda y la cintura duelen de dormir en el piso.
Y se pone frío, y llueve por bendición de ella llueve. Y nos quejamos porque llueve, pero todos agradecen y entonces entiendo, que no se trata solo de bailar y de espumas, de pateros y chacareras.
Se trata de tierra, de tradiciones, de una de las fiestas más antiguas del norte argentino, de 62 años, de cerros, de agua, de seguir y seguir…
Como sea y por ella… por la Pacha…
mientras ella lo permita…seguir…