sábado, 28 de mayo de 2011

Del aire

(...)
-Bueno me parece que ya sé cuál era ese bicho, y no es para andar temblando más.
-¿Cuál era?- preguntaron juntos el coatí y el oso hormiguero.
- Un bicho muy famoso, pero no hay que preocuparse
-¿Y cómo se llama ese bicho?
-El miedo se llama. Lo conocí por el tamaño.
-¡El miedo! ¿Y es muy peligroso?
-Para nada, m’hijo una vez que se lo conoce.
-¿No es venenoso?
-Ni un poquito
-¿A usted se le apareció alguna vez don sapo?
-Más de una m’hijo, y así lo fui conociendo.
-¿Era igual que ese miedo que vi yo?
-Igual pero todo distinto.
-Eh don sapo- dijo el oso hormiguero- ¿cómo es eso de que igual pero todo distinto?.
-Porque así son estas cosas, y el miedo de cada uno es como el miedo de cada uno.
- ¿Entonces no era un bicho don sapo?
-No, era un miedo nomás.
-¡Si usted viera como me asustó!
-Ya sé cómo son esas cosas. La cuestión es animarse y pelearlo. ¿Acaso nunca oyeron decir que hay que vencer el miedo?
-Claro que si, lo oímos muchas veces.
-¿Y quién se creen que inventó esa frase?
- ¡No me diga que fue usted, don sapo!
-¿Quién si no?, pero primero tuve que enfrentarlo en una pelea a muerte Me acuerdo como si fuera ayer. Me había agarrado en medio de la oscuridad y pegaba unos rugidos que iluminaban la noche (…) Así era el miedo ese, no les miento. Respiré hondo, y lo atropellé mirándolo fijo. Ya estaba cansado de andar disparándole.
-¿Y el miedo qué hizo?
-Tendrían que haberlo visto, se fue achicando y achicando, hasta que desapareció como un humo. Y ahí lo hice volar de un soplido.
-¡Añamembuí! Eso sí que me deja contento- dijo el coaticito-. Usted sí que es valiente, don sapo.
-No crea m’hijo, lo que pasa es que ahí había cambiado el tamaño del miedo.
El sapo comenzó a alejarse silbando un chamamé.
-Eh, don sapo- lo llamó el coaticito-, una última pregunta. Cuando me agarre de nuevo primero tengo que respirar hondo ¿no?
-Eso m’hijo , y largar el aire de golpe y atropellar, y ahí es cuando cambia de tamaño.
-¿Siempre cambia de tamaño?
-Siempre eso es seguro. 
-¿Y si en vez de achicarse se agranda?
-Fácil- dijo el sapo mientras se alejaba-, en ese caso respire más hondo todavía  y atropelle más fuerte, pero para el otro lado. Y no afloje hasta que se le duerman las patas. Ja, si sabrá de miedos este sapo.

Fragmento de “El tamaño del miedo”
de Gustavo Roldán

Tengo un "tema con el aire"... 
... y es que a veces es necesario creer que basta con "respirar hondo" para que el miedo se achique...

Y atropellar nomás, y no a veces,
sino siempre siempre.

sábado, 7 de mayo de 2011

Manos

Decía que al dormir necesitaba sentir sus manos, las propias .
Una debajo de la almohada y la cabeza pesada sobre ella. Otra entre las rodillas o casi casi sosteniendo la cadera.
Necesitaba sentir la presión. El peso de algo sobre ellas las devolvía a la conciencia cuando lo onírico arremetía.

Había quienes pensaban que esas manos, 
las suyas, tenían una tibieza especial, y hasta podían volverse recuerdo.

Lo cierto es que dormía así.
Quizás le era necesario saber que sus manos aun en los sueños existían, que aun estaban allí para  hacer hasta en los sueños.

domingo, 1 de mayo de 2011

"Yo tengo una casita que es así y así"

Una anda arrastrando deseos heredados, dicen, entre esos,  deseos que tienen que ver con la independencia y autonomía que vienen incluidos en la crianza misma. Más aquí o más allá la casa propia es uno de los deseos sobrevivientes de antiguas épocas. Según el caso particular el hecho se concreta más tarde o más temprano respondiendo a obligatoriedades, culpas, deseos, neurosis familiares y demás menesteres. Obviamente por cuestiones coyunturales sociales y económicas, hoy, en general, la independencia pasa por alquilar un espacio al cual denominamos, armamos y vivimos como "nuestro hogar" (lo de nuestro es hasta que al dueño se le de la gana, o el contrato diga) y se diferencia del "hogar familiar materno/paterno" principalmente por no pertenecerles de hecho (al menos que uno le alquile a la madre o padre que es lo mismo que entramparse)
Resulta que yo he querido "vivir sola" desde hace tiempo. En la adolescencia por soportar poco a los miembro de mi familia, cosa que "normalmente" sucede en la adolescencia. Pero ya más grandecita, cuando el amor familiar supera las diferencias individuales, seguía considerando que iba a ser mejor cuando "no vivamos juntos". 
Resulta que, hace un año, el deseo se volvió realidad, a fuerza de sangre y lágrima, de meses de haber sido "bancada" por esos hermanos que la vida nos va haciendo adoptar; después de mails, reuniones y llamados; mudanzas en trenes y ayudas imprevistas... Llegar y decir, "esta es mi casa", más que por el sentido de propiedad privada, por el sentido de independencia y libertad que un espacio propio genera.
Resulta que yo soy "de la casa", siempre lo he sido, y haber estado sin esa casa un tiempo me hace sentir orgullo de esta que estamos construyendo. "Estamos" porque somos varios los que intentamos que "La Lugones" sea lo más parecido a un hogar...  

A ese lugar donde uno tiene ganas de volver,
y de a poquito va teniendo gusto a casa...
(y aunque todavía falta)
...va siendo esta también mi casa.