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jueves, 8 de marzo de 2012

Libre, linda y loca...

Cuando yo era niña, en los años 20 todo lo bueno lo tenían los hombres, todo lo que tenía interés y todo lo que hacían; los hombres tenían las buenas profesiones, los hombres comían la mejor parte de la comida de la mesa, lo mejor de la comida y más cantidad: los hombres medio pollo, las mujeres , menos de un cuarto de pollo, a lo mejor las alitas y las patitas para roer, los hombres dos huevos fritos, las mujeres apenas uno y el que salió roto.

Los hombres tenían la llave, y salían de noche; los hombres tenían el caballo, tenían la bici, tenían el bote, tenían los libros –los libros eran cuatro en mi casa-  y tenían profesiones activas, de entrar y salir; profesiones interesantes: unos eran comerciantes, otro eran marinos, otros eran militares a caballo, otros eran viajantes, viajeros y otros eran el médico. Y las mujeres lavaban, fregaban, acarreaban el agua, cocinaban, parían, gruñían y daban la lata.

Pues yo no tuve envidia ni ganas de ser hombre, pero pensaba que ser hombre era mejor.

Con el transcurso del tiempo –por la terquedad, la obstinación, la rebeldía y una magnífica abuela que me decía en gallego que no le hiciera caso a nadie y que hiciera lo que me diera la gana- tuve la llave, salté por la ventana o por el tejado, tuve el bote, y tuve la bicicleta,  tuve el caballo y tuve los cuatro libros

Fernanda Monasterio
La Plata, 1992.


Para las tercas, obstinadas y rebeldes, 
que nos animamos a saltar ventanas y
conquistar mundos...

lunes, 8 de agosto de 2011

Sin más... y aún...

“Charatianga murucinda ullidora” dijo.
“Nopotranco sipuriata manoserta” le contestó
“No, vocertincos ullardanfo karantanka” le respondió, en tono de reclamo.
“Mi gruntienza almarosa mandalzera umala” terminó diciendo.

Y ahí ya no supo qué más decir

Porque hay preguntas que no hace y respuestas que no espera

Entonces se queda, sin más que decir.
"El amor pide amor y lo pide sin cesar,
 lo pide... aún"

domingo, 1 de mayo de 2011

"Yo tengo una casita que es así y así"

Una anda arrastrando deseos heredados, dicen, entre esos,  deseos que tienen que ver con la independencia y autonomía que vienen incluidos en la crianza misma. Más aquí o más allá la casa propia es uno de los deseos sobrevivientes de antiguas épocas. Según el caso particular el hecho se concreta más tarde o más temprano respondiendo a obligatoriedades, culpas, deseos, neurosis familiares y demás menesteres. Obviamente por cuestiones coyunturales sociales y económicas, hoy, en general, la independencia pasa por alquilar un espacio al cual denominamos, armamos y vivimos como "nuestro hogar" (lo de nuestro es hasta que al dueño se le de la gana, o el contrato diga) y se diferencia del "hogar familiar materno/paterno" principalmente por no pertenecerles de hecho (al menos que uno le alquile a la madre o padre que es lo mismo que entramparse)
Resulta que yo he querido "vivir sola" desde hace tiempo. En la adolescencia por soportar poco a los miembro de mi familia, cosa que "normalmente" sucede en la adolescencia. Pero ya más grandecita, cuando el amor familiar supera las diferencias individuales, seguía considerando que iba a ser mejor cuando "no vivamos juntos". 
Resulta que, hace un año, el deseo se volvió realidad, a fuerza de sangre y lágrima, de meses de haber sido "bancada" por esos hermanos que la vida nos va haciendo adoptar; después de mails, reuniones y llamados; mudanzas en trenes y ayudas imprevistas... Llegar y decir, "esta es mi casa", más que por el sentido de propiedad privada, por el sentido de independencia y libertad que un espacio propio genera.
Resulta que yo soy "de la casa", siempre lo he sido, y haber estado sin esa casa un tiempo me hace sentir orgullo de esta que estamos construyendo. "Estamos" porque somos varios los que intentamos que "La Lugones" sea lo más parecido a un hogar...  

A ese lugar donde uno tiene ganas de volver,
y de a poquito va teniendo gusto a casa...
(y aunque todavía falta)
...va siendo esta también mi casa.

sábado, 9 de abril de 2011

¿Y entonces?

No sé si espero, y si acaso se trata de esperar no sé bien qué.

"Vas a tener que confiar en mis traducciones".

Confiar. Se confía a ciegas, o se confía porque se sabe qué, o aunque sea porque se intuye qué.
Es porque sí, ¿a pura entrega? O es porque ya hemos espiado atrás de la puerta y sentimos que, creemos que, pensamos que, sabemos que…

Y entonces ¿qué?
¿Qué o cómo?
Entonces ¿cómo?
¿Cómo se espera? Como si nada, y entonces llega y todo es sorpresa. O se espera esperando, con la ansiedad que eso implica, con las ganas del ya mismo.

Y si se espera… ¿se declara la espera?
Hay que saber que se espera, que nos están esperando, que me esperás, que te espero... O se espera en secreto, hablando bajito, disimulando, que no se note, haciendo de cuenta que no.

¿Y entonces?
Entonces espero.
Qué… no sé.
Cómo… así.


Piensa de otra manera
lluvia y así te espera
corro y parece que te alcanzo
para cantarle: ¡Hurry!
Hugo Fattoruso

viernes, 18 de febrero de 2011

EscuchAndo

Anoche escuché mis pasos.
Sonaban, esta vez se hacían oír.

Quizás, quizás el silencio permitió que esta vez se escucharan, o quizás, quizás sonaban más fuerte.
No sé si acaso es firmeza en el paso, por la seguridad de andar el camino. O un intento de dejar huella, lo que lleva a pisar con más fuerza.

Anoche escuché mis pasos y noté que estaban separados por poco tiempo, pasos cortos, acumulados y veloces. Uno tras otro como si fuera necesaria la velocidad.
No sé si se trataba de huir y escapar, o de correr para alcanzar.

Anoche escuché mis pasos,
en el silencio los escuché,
sonaban... esta vez se hacían oír...

lunes, 10 de enero de 2011

¿A Siú Quiú?

 "Porque el idioma de infancia es un secreto entre los dos"
M. Elena Walsh.

Cuenta mi mamá que cuando yo era chica quería tener un elefante. Y no había dios que me convenza que era demasiado grande el animalito y que dónde lo íbamos a tener, "y que el papá haga una elefantera" contestaba esta petisa con mucha seguridad. Eran tiempos de fondos grandes, conejeras y conejos... y algunos libros y muchas canciones que me iban a marcar siempre.

Hoy pienso en ese elefante y enseguida aparece Dailan Kifki y quizás el primer "libro largo y con muchas letras" que leí. En ese París, y esa parte de la canción que nadie canta, esa que dice la palabra "revolución". En la luna y cómo bañarla, la familia Polillal y tantas rimas que me han costado leer en algunos talleres (porque ya sabemos que leer poesía en voz alta es una ardua tarea). Hoy pienso en el Monoliso y el reino del revés y los "1530 chimpancés", en el rey compás y su "una pincha y la otra no". Si, también pienso en La Cigarra y la Serenata y las lágrimas y el nudo en la garganta que nunca dejan de repetirse. Pienso en los mil talleres y el brujito de Gulubú y la rrrrrr del doctorrrr y el motorrrr y los ritmos que nos íbamos inventando. Y también en esa chacarera que tanto nos gusta cantar a los dos y cruzar la Mate de Luna muy gatunamente.
Hoy es un día en el que muchos sentimos que una parte muy linda de esa infancia que ya ha cumplido más de 20 se va con ella... y que otros no la vamos a dejar ir.


¿A París?¿A poblar tus olvidados castillos de dragones?
Con el reverso de tu reino, a lomo de elefante volador, te vas.
Es otro el cielo que te reclama. Yo no te dejaré partir...
Lugui G. Guerrero.








Yo tampoco...