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sábado, 3 de marzo de 2012

¿Porqué llamamos

                                   amor al amor?


Con lo que cuesta, con lo que duele,
con lo que tarda, con lo que arde,
con lo que falta, con lo que quema
con lo que ausencia, con lo que tiene,
con lo que viene, con lo que ahueca,
con lo que silencia, con lo que canta,
con lo que arrulla, con lo que leche,
con lo que vibra, con lo que abraza,
con lo que olvida, con lo que vida,
con lo que pajarito, pajarito,
caracolito tan poco mío y de nadie…

Cartas al Rey de la Cabina
Luis María Pescetti

domingo, 25 de septiembre de 2011

Es muy triste...

... andar por la vida sin pregunta - dijo una vez.
 Foto por Sebastián Ernesto Suárez
(…) “Y es que las preguntas verdaderamente serias son aquellas que pueden ser formuladas hasta por un niño. Sólo las preguntas más ingenuas, son las verdaderamente serias. 
Son preguntas que no tienen respuestas. 
Una pregunta que no tiene respuesta es una barrera que no puede atravesarse. Dicho de otro modo: precisamente  las preguntas que no tienen respuestas son las que determinan las posibilidades del ser humano, son las que trazan las fronteras de la existencia del hombre.” (…)

"La insoportable levedad del ser"
de Milan Kundera.

sábado, 28 de mayo de 2011

Del aire

(...)
-Bueno me parece que ya sé cuál era ese bicho, y no es para andar temblando más.
-¿Cuál era?- preguntaron juntos el coatí y el oso hormiguero.
- Un bicho muy famoso, pero no hay que preocuparse
-¿Y cómo se llama ese bicho?
-El miedo se llama. Lo conocí por el tamaño.
-¡El miedo! ¿Y es muy peligroso?
-Para nada, m’hijo una vez que se lo conoce.
-¿No es venenoso?
-Ni un poquito
-¿A usted se le apareció alguna vez don sapo?
-Más de una m’hijo, y así lo fui conociendo.
-¿Era igual que ese miedo que vi yo?
-Igual pero todo distinto.
-Eh don sapo- dijo el oso hormiguero- ¿cómo es eso de que igual pero todo distinto?.
-Porque así son estas cosas, y el miedo de cada uno es como el miedo de cada uno.
- ¿Entonces no era un bicho don sapo?
-No, era un miedo nomás.
-¡Si usted viera como me asustó!
-Ya sé cómo son esas cosas. La cuestión es animarse y pelearlo. ¿Acaso nunca oyeron decir que hay que vencer el miedo?
-Claro que si, lo oímos muchas veces.
-¿Y quién se creen que inventó esa frase?
- ¡No me diga que fue usted, don sapo!
-¿Quién si no?, pero primero tuve que enfrentarlo en una pelea a muerte Me acuerdo como si fuera ayer. Me había agarrado en medio de la oscuridad y pegaba unos rugidos que iluminaban la noche (…) Así era el miedo ese, no les miento. Respiré hondo, y lo atropellé mirándolo fijo. Ya estaba cansado de andar disparándole.
-¿Y el miedo qué hizo?
-Tendrían que haberlo visto, se fue achicando y achicando, hasta que desapareció como un humo. Y ahí lo hice volar de un soplido.
-¡Añamembuí! Eso sí que me deja contento- dijo el coaticito-. Usted sí que es valiente, don sapo.
-No crea m’hijo, lo que pasa es que ahí había cambiado el tamaño del miedo.
El sapo comenzó a alejarse silbando un chamamé.
-Eh, don sapo- lo llamó el coaticito-, una última pregunta. Cuando me agarre de nuevo primero tengo que respirar hondo ¿no?
-Eso m’hijo , y largar el aire de golpe y atropellar, y ahí es cuando cambia de tamaño.
-¿Siempre cambia de tamaño?
-Siempre eso es seguro. 
-¿Y si en vez de achicarse se agranda?
-Fácil- dijo el sapo mientras se alejaba-, en ese caso respire más hondo todavía  y atropelle más fuerte, pero para el otro lado. Y no afloje hasta que se le duerman las patas. Ja, si sabrá de miedos este sapo.

Fragmento de “El tamaño del miedo”
de Gustavo Roldán

Tengo un "tema con el aire"... 
... y es que a veces es necesario creer que basta con "respirar hondo" para que el miedo se achique...

Y atropellar nomás, y no a veces,
sino siempre siempre.

domingo, 27 de febrero de 2011

Esas ganas...



"...Santiago sentía que le pasaban cosas, cosas de esas que pasan por dentro. Para empezar no podía dejar de mirar a Teresita como si tuviese los ojos pegados a la cara de ella. Y, además, sentía que todo le corría a lo loco por el cuerpo. El corazón le batía como una ametralladora. Las palmas de las manos se le iban poniendo rojas y calientes. Le zumbaban los oídos. Le latían los labios. Y se le venían las ganas. Ganas de saltar sobre Darío y sobre Gualberto y sobre Damián y sobre las bobas de tercer grado como saltan los tigres sobre los conejos. Ganas de ser fuerte, grande, feroz y alto, sobre todo alto. Ganas de tener un gran vozarrón de esos que asustan. Ganas de obligar a todos, uno por uno a pedirle perdón a Teresita Yoon con lágrimas y de rodillas. ¡Qué bárbaro! pensarán ustedes, pero Santiago era así, cuando le venían las ganas era muy exagerado. Cuando le venían las ganas era como si el cuerpo le quedara chico. 
Pero Santiago no saltó como saltan los tigres sobre los conejos, no rugió con voz que asusta y no obligó a nadie a hacer nada, porque Santiago tenía más ganas que nadie pero también era el más petiso, el primero de la fila desde siempre, y Darío por ejemplo, le llevaba una cabeza.


Pero sí, miró. Miró como sólo sabía mirar Santiago cuando le venían las ganas. Y se ve que no era una mirada cualquiera porque Teresita levantó sus ojos de laurel salvaje y lo miró a Santiago. Y después le sonrió (y a Santiago se le inundó el cuerpo con una especie de leche tibia) Y él, también sonrió. Le sonrió a Teresita con una sonrisa de veras grande.

Y bueno ya está, ahí empezó la historia"


Fragmento de "Historia de un amor exagerado"
de Graciela Montes.

sábado, 22 de enero de 2011

Nuevamente

Algo le hacía sentir que esta vez, no por única sino porque hacía tiempo que no había sido así, algo había de nuevo.
Algo le hacía sentir que esta vez iba a ser distinto.
Y entonces abría los ojos y sonreía como hacía mucho tiempo no lo hacía. Y creía que los escalofríos eran nuevos, o así parecían.
Y respiraba hondo, hondo, intentando aguantar.

Algo parecía nuevo y no por nuevo el año, 
ni nuevo el vestido, ni nuevo el paisaje, 
ni la hora, ni la luna, ni el calor...

Algo que parecía... pero no.

Y entonces no sabía si era desilución como la de antes,
o enojo como el de antes, o el no me importa de antes,
o esa sonrisa entre real y fingida, como la de antes también.

No, una vez más, nada era nuevo.

sábado, 11 de septiembre de 2010

"Te va a encantar"

me dijo...

y me encantó nomás.

Porque cuando de buenos cuentos se trata, yo me dejo encantar.


Siempre y nunca contra a veces

Había una vez dos veces. Una se llamaba una vez y la otra se llamaba otra vez.
Una y otra vez formaban la familia A veces, que vivía y comía de vez en vez. Los grandes imperios dominantes eran siempre y nunca que, como es evidente, odiaban a muerte a la familia A veces. Ni siempre ni nunca toleraban que los A veces existieran. Siempre no podía permitir que una vez viviera en su reino porque entonces siempre dejaba de serlo porque si ya hay una vez entonces ya no hay siempre. Nunca tampoco podía permitir que otra vez apareciera otra vez en su reino porque nunca no puede vivir con una vez ni menos si esa vez es otra vez. Pero una vez y otra vez se la pasaban molestando una y otra vez a siempre y a nunca. Y así fue hasta que siempre las dejó en paz para siempre y nunca nunca las volvió a molestar. Y una vez y otra vez se la pasaron jugando una y otra vez.
“¿Qué me ves?" preguntaba una vez, y otra vez contestaba: “¿Pues qué no ves?"
Y así se la pasan felices de vez en vez, ya ves. Y siempre fueron una y otra vez y nunca dejaron de ser A veces. Tan, tan.
Moraleja 1: A veces es muy difícil distinguir entre una vez y otra vez.
Moraleja 2: Nunca hay que decir siempre (bueno, a veces sí).
Moraleja 3: Los “siempres” y los “nuncas” los imponen los de arriba, pero abajo aparecen “los molestos” una y otra vez que, a veces, es otra forma de decir “los diferentes” o de vez en vez, “los rebeldes”.
Moraleja 4: Nunca vuelvo a escribir un cuento como éste, y yo siempre cumplo lo que digo (bueno, a veces no).

Subcomandante Marcos en
"Los otros cuentos"


Y a mi que no me gustaban los cuentos con moralejas...


jueves, 29 de octubre de 2009

Para llegar al cielo...

"La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo, lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia, y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar. Y porque se ha salido de la infancia se olvida que para llegar al Cielo se necesitan, como ingredientes, una piedrita y la punta de un zapato."

Rayuela- Fragmento del cáp 36.
de Julio Cortázar

jueves, 15 de octubre de 2009

Pena de Dragón

"Entonces los cubre la pena, como una sombra larga, amarga, y su enorme corazón de dragón hace un ruido de ríos que desbordan, de vientos de furia que pasan arrasando los árboles y desgastando las montañas. Mucho tiempo dura la pena de un dragón. Por lo menos a ellos les parece un tiempo muy largo y muy lento."
Fragmento de "Pena de Dragón" de Gustavo Roldán.

lunes, 24 de agosto de 2009

Borges

Quería decir algo de él...
¿Pero qué?.
Alguna anécdota, por ejemplo contar que cuando vino por allá lejos a mi ciudad, le pidió a una joven estudiante que lo lleve a un bazar, porque le encantaban.

Quería elegir uno de sus poemas...
¿Pero cuál?.
el de la rosa... pero me encanta pensar en los barquitos. O el Golem, o la luna, y los borges y los instantes; los espejos, el sueño y los laberintos...
No sé, son tantos, son todos y tantos.

Alguien se animó y eligió...
y yo me maravillé de leer...

El amenazado
Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero
Norte para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,
los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos,
la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas,
pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz,
la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.

Jorge Luis Borges.

( la elección la hizo mi amiga Evange y nos la regaló...
gracias Evange! yo no hoy no me animaba a elegir)




jueves, 2 de julio de 2009

Propuesta...

Estuve pensando en este cuento durante varios dias.
Se los convido aqui a ver si tiene algo que ver con algo...

"... -Lo que hay que reconocer - dijo el sapo pensando en voz alta-, es que son muy organizados en sus juegos.
-¿Quiénes, don sapo- preguntó el piojo.
-La gente de Buenos Aires.
- ¿Si?
-Si. Muy pero muy organizados.
El pájaro carpintero dejo de golpear.
El coatí no trepo de nuevo al algarrobo.
Los monitos de colgaron de la cola y se quedaron escuchando.
El yacare salio del agua y se acerco.
Todos los bichos fueron rodeando al sapo.
-¿Y a qué juegan?- preguntó el piojo.
- A las elecciones, m' hijo.
-¿Elecciones? ¿Que clases de juego es ese?
-Un juego imaginativo que se ve que les gusta.
- Cuente, don sapo, cuente como es ese juego.
- La gente se divide en varios grupos, y unos votan por Juan, otros por Pedro, otros por Miguel... Después cuentan los votos, y el que tiene mas gana.
-¿Qué gana?
- Le toca gobernar por varios años.
-Parece un sistema lindo- dijo el piojo entusiasmado- A mí me gustaría votar.
-Lindo es, y si vieran el entusiasmo con que pintan carteles, pegan afiche y reparten volantes, hablan aquí y allá, y gritan "Viva Juan, abajo Pedro"
- ¿Todos gritan así?
- No eso gritan unos. Los otros gritan "Viva Pedro, abajo Juan". Y pegan en las paredes fotos grandes de Juan y de Pedro.
-¿Para que pegan las fotos?
-Para que otros vayan y les pinten bigotes. Así es el juego, y así se divierten todos.
-¿Y también ponen fotos de mujeres?
-Si, y también hay que pintarles bigotes. Para eso están las fotos.
_Tiene tantas paredes para poner tantas fotos?
-Muchísimas. Tienen muchísimas paredes, pero al final las tapan todas.
-¿Y entonces qué hacen?
-Ahí viene la otra parte del juego. Llegan los amigos de Juan, llenan una pared con fotos y se van; entonces llegan los amigos de Pedro y les pegan otra foto encima.
-¿Y no se aburren de pegar fotos?
- Se ve que no, porque se pasan meses enteros dedicados a eso.
-¿Meta pegar fotos y dibujar bigotes?
-Meta pegar fotos y dibujar bigotes. Y al final los que gana se hacen cargo del gobierno.
-¿Y ahí se termina el juego?
- No, todavía no. Los que ganan comienzan a gobernar por un tiempito, y entonces llegan los militares, los echan y se quedan ellos con el gobierno.
-¡Pero eso es trampa, don sapo!- gritó el piojo enojado.
-¿Militares?- preguntó el tordo- ¿Qué es eso don sapo?
-No es fácil de explicar m'hijo. ¿Ustedes oyeron hablar de dragones?
- Si, don sapo, usted nos contó una vez.
-¿Y de los ingleses?
-Si, don sapo. Usted nos dijo que eran peor que los dragones.
-Bueno entonces se pueden dar una idea. Los militares son como dragones ingleses.
-¡Que bicho peligroso!- dijo temblando la paloma.
-Bah- dijo el piojo-, yo les corro una carrera a esos militares; seguro que les gano.
-¿Y qué hacen cuando se quedan con el gobierno?- preguntó el oso hormiguero.
- Mejor no les cuento, porque no me van a creer. Si hay una cosa que no me gusta es que me tomen por mentiroso, y les juro que ésta no me la van a creer ni cerrando los ojos.
-¿Tan grave es la cosa don sapo?
- Tan grave que me empieza a entrar como un miedo.
_Pero don sapo- dijo el piojo- entre usted y yo, ¿no lo podríamos arreglar?
-Después lo conversamos a solas, por ahora déjelo estar.
-No le veo la gracia a ese jugo- dijo el coatí- ¿Por qué no le dejan otro final?
-Sabes que me parece?- Yo creo q a esa gente le anda faltado imaginación.
-Hasta ahí es lo que yo entendí- dijo el sapo-, pero me pareció que muchos no quedaban muy conformes.
-¿Usted escucho protestas?
-Si si,, algunos andaban tratando de cambiar las reglas del juego y cambiar ese final.
-Ahí me esta gustando-dijo el piejo- y ahí me anoto yo. ¿Qué le parece don sapo si hacemos un viajecito juntos? Porque como dijo ese Martín amigo suyo "Entre dos, a una tribu si se ofrece"
-¿Se animaría, amigo piojo?
- Añamembui. ¿A que no se animará este piojo chamamecero!
- Perdonen la interrupción- dijo un monito-,lo que no entiendo es por que dijo usted que era un juego imaginativo.
-Y... me pareció. Porque si se imaginan que van a hacer algo y después los echan... Qué quiere que le diga m'hijo, de alguna manera tenia que llamarlo."

GUSTAVO ROLDAN
Reglas de Juego- Sapo en Buenos Aires.

Por la parte de cambiar los finales creo que lo estuve pensando ¿no?

viernes, 22 de mayo de 2009

Con "M" de Maestro...

Era lunes o martes y ella volvió diciendo que él tenía los ojos grandes llenos de vida y unas ganas de decir inacabables, pero que el secretario era un hombre malo malo que no lo dejaba hablar... Nos quedamos emocionadas, pensando en tantos años y tantas letras. Vivía en la 18 de Julio, sabíamos exactamente en que edificio y cuando pasábamos era inevitable detenerse y mirar (¿creyendo que se asomaría a alguna ventana?)

No quería quedarme sin decir...
"El poeta necesario" dice Maby... y yo creo que tiene razón. Ese con el que todos nos identificamos y creímos que nadie podía explicar "eso que uno siente" mejor que él.
Conocí su paisito, su rambla, su Artigas, su Montevideo...
que decir de él que tanto dijo y dice...
porque por suerte estos, nuestros maestros, nos siguen diciendo...
(así no hay quien se aburra)  

DESPUÉS  
El cielo de veras que no es éste de ahora el cielo de cuando me jubile durará todo el día todo el día caerá como lluvia de sol sobre mi calva.
Yo estaré un poco sordo para escuchar los árboles pero de todos modos recordaré que existen tal vez un poco viejo para andar en la arena pero el mar todavía me pondrá melancólico estaré sin memoria y sin dinero con el tiempo en mis brazos como un recién nacido y llorará conmigo y lloraré con él estaré solitario como una ostra pero podré hablar de mis fieles amigos que como siempre contarán desde Europa sus cada vez más tímidos contrabandos y becas. Claro estaré en la orilla del mundo contemplando desfiles para niños y pensionistas aviones eclipses y regatas y me pondré sombrero para mirar la luna nadie pedirá informes ni balances ni cifras y sólo tendré horario para morirme pero el cielo de veras que no es éste de ahora ese cielo de cuando me jubile habrá llegado demasiado tarde.
MARIO BENEDETTI 

sábado, 25 de abril de 2009

De Viejitos Musiqueros...

"Estos viejitos al final hacen lo que quieren" me dijo una vez mi tía
Y si.. Cuando de viejitos se trata a mí se me viene a la mente mi abuelo "Negro"que lo conocí viejo ya, y con muchas historias que contar.
El silencio del violín de Don Sixto Palavecino, me trajo de nuevo a mi abuelo que también era músico y santiagueño...
Y por alguna razón se me vino a la mente este cuento...
que va de homenaje...
a Don Sixto, que se murió hablando en quechua...
y seguro pensando alguna melodía para su violín..
y a todos nuestros viejitos musiqueros...( a mi abuelo Negro también)


Como si el ruido pudiera molestar 
Fue como si el viento hubiera comenzado a traer las penas. Y de repente todos los animales se enteraron de la noticia. Abrieron muy grandes los ojos y la boca, y se quedaron con la boca abierta, sin saber qué decir. Es que no había nada que decir. Las nubes que trajo el viento taparon el sol. Y el viento se quedó quieto, dejó de ser viento y fue un murmullo entre las hojas, dejó de ser murmullo y apenas fue una palabra que corrió de boca en boca hasta que se perdió en la distancia. 
Ahora todos lo sabían: el viejo tatú estaba a punto de morir. Por eso los animales lo rodeaban, cuidándolo, pero sin saber qué hacer.
—Es que no hay nada que hacer —dijo el tatú con una voz que apenas se oía—. Además, me parece que ya era hora. Muchos hijos y muchísimos nietos tatucitos miraban con una tristeza larga en los ojos.
—¡Pero, don tatú, no puede ser! —dijo el piojo—, si hasta ayer nomás nos contaba todas las cosas que le hizo al tigre. —¿Se acuerda de las veces que lo embromó al zorro? —¿Y de las aventuras que tuvo con don sapo? —¡Y cómo se reía con las mentiras del sapo! 
Varios quirquinchos, corzuelas y monos muy chicos, que no habían oído hablar de la muerte, miraban sin entender.
—¡Eh, don sapo! —dijo en voz baja un monito—. ¿Qué le pasa a don tatú? ¿Por qué mi papá dice que se va a morir? 
—Vamos, chicos —dijo el sapo—, vamos hasta el río, yo les voy a contar. Y un montón de quirquinchos, corzuelas y monitos lo sigueron hasta la orilla del río, para que el sapo les dijera qué era eso de la muerte. Y les contó que todos los animales viven y mueren. Que eso pasaba siempre, y que la muerte, cuando llega a su debido tiempo, no era una cosa mala. 
—Pero don sapo —preguntó una corzuela—, ¿entonces no vamos a jugar más con don tatú? 
—No. No vamos a jugar más. 
—¿Y él no está triste? 
—Para nada. ¿Y saben por qué?
—No, don sapo, no sabemos...
—No está triste porque jugó mucho, porque jugó todos los juegos. Por eso se va contento. 
—Claro —dijo el piojo—. ¡Cómo jugaba! —¡Pero tampoco va a pelear más con el tigre! 
—No, pero ya peleó todo lo que podía. Nunca lo dejó descansar tranquilo al tigre. También por eso se va contento. 
—¡Cierto! —dijo el piojo—. ¡Cómo peleaba! —Y además, siempre anduvo enamorado. También es muy importante querer mucho. 
—¡Él sí que se divertía con sus cuentos, don sapo! —dijo la iguana. 
—¡Como para que no! Si más de una historia la inventamos juntos, y por eso se va contento, porque le gustaba divertirse y se divirtió mucho. 
—Cierto —dijo el piojo—. ¡Cómo se divertía! —Pero nosotros vamos a quedar tristes, don sapo. 
—Un poquito sí, pero... —la voz le quedó en la garganta y los ojos se le mojaron al sapo 
—. Bueno, mejor vamos a saludarlo por última vez. 
—¿Qué está pasando que hay tanto silencio? —preguntó el tatú con esa voz que apenas se oía—. Creo que ya se me acabó la cuerda. ¿Me ayudan a meterme en la cueva? 
Al piojo, que estaba en la cabeza del ñandú, se le cayó una lágrima, pero era tan chiquita que nadie se dio cuenta. El tatú miró para todos lados, después bajó la cabeza, cerró los ojos, y murió. Muchos ojos se mojaron, muchos dientes se apretaron, por muchos cuerpos pasó un escalofrío. Todos sintieron que los oprimía una piedra muy grande. Nadie dijo nada. Sin hacer ruido, como si el ruido pudiera molestar, los animales se fueron alejando. 
El viento sopló y sopló, y comenzó a llevarse las penas. Sopló y sopló, y las nubes se abrieron para que el sol se pusiera a pintar las flores. El viento hizo ruido con las hojas de los árboles y silbó entre los pastos secos. —¿Se acuerdan —dijo el sapo— cuando hizo el trato con el zorro para sembar maíz?

GUSTAVO ROLDAN

jueves, 12 de febrero de 2009

Delicioso y fascinante

Porque leímos en el diario que hoy era 12...
Porque alguien en el colectivo lo dijo...
Porque la Maby me lo recordó desde su blog...
Porque "el era lindo" escuche entre mate y ludo a la siesta...
Porque perdí mi cronopios ... y me quiero matar...
Porque sabemos mucho de cronopios... y no tanto de famas...
Porque la Pau se olvidó a quien le prestó su "Rayuela"
Porque siempre esta volviendo... con cuentos, relatos, olor a cigarro (digo yo), y eso que tanto tanto nos fascina...


"Conservación de los recuerdos"

Los famas para conservar sus recuerdos proceden a embalsamarlos en la siguiente forma: luego de fijado el recuerdo con pelos y señales, lo envuelven de pies a cabeza en una sábana negra y lo colocan parado contra la pared de la sala, con un cartelito que dice: "Excursión a Quilmes", o: "Frank Sinatra".
Los cronopios, en cambio, esos seres desordenados y tibios, dejan los recuerdos sueltos por la casa, entre alegres gritos, y ellos andan por el medio y cuando pasa corriendo uno, lo acarician con suavidad y le dicen: "No vayas a lastimarte", y también: "Cuidado con los escalones". Es por eso que las casas de los famas son ordenadas y silenciosas, mientras que en las de los cronopios hay gran bulla y puertas que golpean. Los vecinos se quejan siempres de los cronopios, y los famas mueven la cabeza comprensivamente y van a ver si las etiquetas están todas en su sitio.

Julio Cortázar

Historias de cronopios y de famas.


(y si.. yo cronopio)