sábado, 25 de abril de 2009

De Viejitos Musiqueros...

"Estos viejitos al final hacen lo que quieren" me dijo una vez mi tía
Y si.. Cuando de viejitos se trata a mí se me viene a la mente mi abuelo "Negro"que lo conocí viejo ya, y con muchas historias que contar.
El silencio del violín de Don Sixto Palavecino, me trajo de nuevo a mi abuelo que también era músico y santiagueño...
Y por alguna razón se me vino a la mente este cuento...
que va de homenaje...
a Don Sixto, que se murió hablando en quechua...
y seguro pensando alguna melodía para su violín..
y a todos nuestros viejitos musiqueros...( a mi abuelo Negro también)


Como si el ruido pudiera molestar 
Fue como si el viento hubiera comenzado a traer las penas. Y de repente todos los animales se enteraron de la noticia. Abrieron muy grandes los ojos y la boca, y se quedaron con la boca abierta, sin saber qué decir. Es que no había nada que decir. Las nubes que trajo el viento taparon el sol. Y el viento se quedó quieto, dejó de ser viento y fue un murmullo entre las hojas, dejó de ser murmullo y apenas fue una palabra que corrió de boca en boca hasta que se perdió en la distancia. 
Ahora todos lo sabían: el viejo tatú estaba a punto de morir. Por eso los animales lo rodeaban, cuidándolo, pero sin saber qué hacer.
—Es que no hay nada que hacer —dijo el tatú con una voz que apenas se oía—. Además, me parece que ya era hora. Muchos hijos y muchísimos nietos tatucitos miraban con una tristeza larga en los ojos.
—¡Pero, don tatú, no puede ser! —dijo el piojo—, si hasta ayer nomás nos contaba todas las cosas que le hizo al tigre. —¿Se acuerda de las veces que lo embromó al zorro? —¿Y de las aventuras que tuvo con don sapo? —¡Y cómo se reía con las mentiras del sapo! 
Varios quirquinchos, corzuelas y monos muy chicos, que no habían oído hablar de la muerte, miraban sin entender.
—¡Eh, don sapo! —dijo en voz baja un monito—. ¿Qué le pasa a don tatú? ¿Por qué mi papá dice que se va a morir? 
—Vamos, chicos —dijo el sapo—, vamos hasta el río, yo les voy a contar. Y un montón de quirquinchos, corzuelas y monitos lo sigueron hasta la orilla del río, para que el sapo les dijera qué era eso de la muerte. Y les contó que todos los animales viven y mueren. Que eso pasaba siempre, y que la muerte, cuando llega a su debido tiempo, no era una cosa mala. 
—Pero don sapo —preguntó una corzuela—, ¿entonces no vamos a jugar más con don tatú? 
—No. No vamos a jugar más. 
—¿Y él no está triste? 
—Para nada. ¿Y saben por qué?
—No, don sapo, no sabemos...
—No está triste porque jugó mucho, porque jugó todos los juegos. Por eso se va contento. 
—Claro —dijo el piojo—. ¡Cómo jugaba! —¡Pero tampoco va a pelear más con el tigre! 
—No, pero ya peleó todo lo que podía. Nunca lo dejó descansar tranquilo al tigre. También por eso se va contento. 
—¡Cierto! —dijo el piojo—. ¡Cómo peleaba! —Y además, siempre anduvo enamorado. También es muy importante querer mucho. 
—¡Él sí que se divertía con sus cuentos, don sapo! —dijo la iguana. 
—¡Como para que no! Si más de una historia la inventamos juntos, y por eso se va contento, porque le gustaba divertirse y se divirtió mucho. 
—Cierto —dijo el piojo—. ¡Cómo se divertía! —Pero nosotros vamos a quedar tristes, don sapo. 
—Un poquito sí, pero... —la voz le quedó en la garganta y los ojos se le mojaron al sapo 
—. Bueno, mejor vamos a saludarlo por última vez. 
—¿Qué está pasando que hay tanto silencio? —preguntó el tatú con esa voz que apenas se oía—. Creo que ya se me acabó la cuerda. ¿Me ayudan a meterme en la cueva? 
Al piojo, que estaba en la cabeza del ñandú, se le cayó una lágrima, pero era tan chiquita que nadie se dio cuenta. El tatú miró para todos lados, después bajó la cabeza, cerró los ojos, y murió. Muchos ojos se mojaron, muchos dientes se apretaron, por muchos cuerpos pasó un escalofrío. Todos sintieron que los oprimía una piedra muy grande. Nadie dijo nada. Sin hacer ruido, como si el ruido pudiera molestar, los animales se fueron alejando. 
El viento sopló y sopló, y comenzó a llevarse las penas. Sopló y sopló, y las nubes se abrieron para que el sol se pusiera a pintar las flores. El viento hizo ruido con las hojas de los árboles y silbó entre los pastos secos. —¿Se acuerdan —dijo el sapo— cuando hizo el trato con el zorro para sembar maíz?

GUSTAVO ROLDAN

martes, 21 de abril de 2009

De dragones

" A veces soy más fuerte...
otras simplemente soy... "
dijo el dragón
y el cielo se oscureció...
y el mundo se detuvo...
y los pájaros callaron...
y todos pensaron como será eso de "simplemente ser"

lunes, 20 de abril de 2009

Levante la mano...

Y en medio de la ronda pregunto...
"Levante la mano a quien le gustan los cuentos"

...y una tras otras empiezan a surgir a medio metro del suelo las manitos confirmándome alguna certeza y dando tranquilidad...

Las tres "seños" nos miramos y sonreímos...
a contar entonces...

lunes, 13 de abril de 2009

Ojitos Vidriosos

Porque todo es alegría y fiesta.
Mostrar lo lindo de mi ciudad, y vamos al cerro, y al lago. Mirá que vista desde aquí. Y este es bar de mi preferencia, cervezas negra, pizzas, encuentros en las calles. Hoy sale guitarreada. Me queda muy alto en "La". Los mates con amigas y las largas charlas. Dormir poco poquísimo. Y hoy almorzamos allá arriba. Mira que linda casa. Más bares, más charlas, más fotos. un poco de shopping y café con leche. Ponete repelente. Otro almuerzo y esta es mi loca familia... De nuevo las 3 y que lástima que no las 4, pero ya nos juntaremos. Planear otros viajes...
Y de nuevo..
al final...
muy al final...los mismos ojitos vidriosos.

Porque todo es alegría y fiesta en los reencuentros, aunque la angustia de la despedida sigue ahí, siempre ahí... hasta que aparece la promesa de volver a verse, y nada parece imposible.

Con ojitos vidriosos, yo me animo a las angustias de las despedidas...
solo por las alegrías de los reencuentros.  

(gracias por esta alegría tamira...)