viernes, 22 de abril de 2011

Al rey de la cabina:


(…) Querido amigo
(puedo llamarte así,
ni todos los besos del mundo impedirán
que también te llame de esta manera)
Querido amigo
pretendes que nada te atrape
porque sientes que todo lo hace.
Ay, ¿y si vieras que de verdad nada te atrapa?
¿De qué llenarías tus bolsillos?
(¿¡de qué no los llenarías!? más bien, famoso glotón).
Por suerte tus bolsillos siempre serán más hambrientos
que tu prudencia y cualquiera de los hilos quebradizos
de cualquiera de tus miedos.
No te enojes si me pongo tan cerca,
piensa que fue el día de lluvia, y el camino de barro
y mi cuaderno empapado, y el pez azul de la avecita muerta
y los árboles que se inclinaban como ballenas en la orilla.
(¿Podrías creer que tuve que ayudarlos, uno por uno, a regresar al mar?)
Son los feroces días de lluvia, arrastrados con cuadernos, pisando el barro
los mismos que emborrachan los árboles hasta el descuido,
hasta correr peligro, porque se olvidan si eran de agua o de tierra
y nada más se inclinan, porque eso era todo lo que querían hacer,
y tuve que ayudarlos, uno por uno, porque no se querían levantar.
Llené la casa del barro que traía en los zapatos y empapé el suelo
al quitarme la ropa mojada.
Y tú, allá alto, manejando tu grúa.
Imagino que hoy no podrías ver qué tomas ni dónde lo dejas
en tu cabina más alta que las nubes.
Tu solitario reino de las alturas,
y de todos modos
ayudando a los demás. (…)


Paloma
Luis María Pescetti.

No hay comentarios: