Decía que al dormir necesitaba sentir sus manos, las propias .
Una debajo de la almohada y la cabeza pesada sobre ella. Otra entre las rodillas o casi casi sosteniendo la cadera.
Necesitaba sentir la presión. El peso de algo sobre ellas las devolvía a la conciencia cuando lo onírico arremetía.
Había quienes pensaban que esas manos, las suyas, tenían una tibieza especial, y hasta podían volverse recuerdo.
Lo cierto es que dormía así.
Quizás le era necesario saber que sus manos aun en los sueños existían, que aun estaban allí para hacer hasta en los sueños.
2 comentarios:
Y es que en las manos tenemos los sueños ... cerradas, apretadas, como cuidando.
Entonces de noche, como agitando esa magia de los sueños las manos cambian de posición buscando hacer realidad, no importa, hacer.
:)
Gracias Lu! será cuestión de seguir cuidando esos sueños que guardamos en las manos...
Me has hecho acordar de un juego que hacíamos con los dodos, de "te paso un secreto" y era increíble ver cómo ellos, entre sus manitos creían en ese secreto... y lo cuidaban, todo el tiempo...
Gracias!
Beso
Publicar un comentario