
Se había despertado sobresaltada.
Él dormía.
En el sueño
todo era angustia, casi como la que sentía en ese despertar. Se había
despertado por no poder soportar más el sueño.
Ahí él era
distinto... ¿Era distinto?
Solo una
frase se escuchaba en largos pasillos desconocidos “está mal”. La imagen de su abuelo vino rápidamente a su mente y toda la lógica de tristeza de despedida la invadió. Hasta que recordó: la ausencia de su abuelo la
acompañaba hacía algunos años… hacía algunos años ya había pasado por esto, por
la misma tristeza de despedida y los anuncios de pasillo.
Entonces qué. O era un sueño o era otro.
Entonces qué. O era un sueño o era otro.
No la
dejaron entrar a ver.
No.
Iba a ser demasiado, supusieron quienes en la puerta la detuvieron.
No la dejaron.
Ella entendió en ese momento y se volvió a angustiar y a llenar de tristeza.
Era él.
Él, el que estaba mal y envejecía. Era él el que se estaba despidiendo.
No hizo caso, entró y lo vió.
Así.
Viejo
Igual, pero viejo y la trataba con un cariño de abuelo en cada palabra que le dirigía.
Despertó.
Se había
despertado sobresaltada… él dormía.
"Por eso te pido una vez más
tomátelo con tranquilidad,
puede ser ayer nunca o después
pero tu amor dame alguna vez.”
Fernando Cabrera.

