miércoles, 27 de junio de 2012

Un sueño.









Se había despertado sobresaltada.
Él dormía.
En el sueño todo era angustia, casi como la que sentía en ese despertar. Se había despertado por no poder soportar más el sueño.
Ahí él era distinto... ¿Era distinto?
Solo una frase se escuchaba en largos pasillos desconocidos “está mal”. La imagen de su abuelo vino rápidamente a su mente y toda la lógica de tristeza de despedida la invadió. Hasta que recordó: la ausencia de su abuelo la acompañaba hacía algunos años… hacía algunos años ya había pasado por esto, por la misma tristeza de despedida y los anuncios de pasillo. 
Entonces qué. O era un sueño o era otro.

No la dejaron entrar a ver.

No.

Iba a ser demasiado, supusieron quienes en la puerta la detuvieron.

No la dejaron.

Ella entendió en ese momento y se volvió a angustiar y a llenar de tristeza.
Era él.
Él, el que estaba mal y envejecía. Era él el que se estaba despidiendo.

No hizo caso, entró y lo vió.

Así.

Viejo
Igual, pero viejo y la trataba con un cariño de abuelo en cada palabra que le dirigía.

Despertó.

Se había despertado sobresaltada… él dormía.
"Por eso te pido una vez más
tomátelo con tranquilidad,
puede ser ayer nunca o después
pero tu amor dame alguna vez.”
Fernando Cabrera.

sábado, 24 de marzo de 2012

Quién sabe Alicia

este país, no estuvo hecho porque sí...

He escuchado una y mil veces las más disímiles historias, porque en Tucumán no hay quien no pueda contarse una “de la dictadura”. Los más, más viejos, los no tan viejos, los viejos de una y los amigos de los viejos, los iguales de viejos que una hablando y contando en primera persona.
Muchos 24 me han encontrado en alguna plaza, cuando éramos pocos, cuando escribíamos paredes, cuando escrachábamos a los cómplices, cuando se dividían las marchas, cuando éramos muchos.
He leído, he pensado, he imaginado, he tenido miedo, he soñado, y hasta he intentado contar algo de eso que no viví.
Nunca, nunca, pude rememorar desde cuándo.
Desde cuando me importa, desde cuando sé, desde cuando ese NUNCA MÁS como grito de guerra es parte de mi vida.
¿Quién contó primero? ¿Cómo? ¿Qué dijo?
Nunca he podido acordarme, desde cuándo, porque pareciera que desde siempre.

Hoy el NUNCA MÁS ha tomado otro significado, se ha vuelto fundacional, pareciera ser lo primero que recordamos cuando miramos para atrás.
Y está bien que así sea.
Porque esa historia, es nuestra, es parte nuestra, y desde ahí nos construimos.

No cuentes lo que hay detrás de aquel espejo, 
no tendrás poder 
ni abogados, ni testigos.
Enciende los candiles que los brujos piensan en volver

a nublarnos el camino.
Estamos en la tierra de todos, en la vida.
Sobre el pasado y sobre el futuro, ruinas sobre ruinas,
querida Alicia.

Canción para Alicia en el país.
Serú Girán. 
Por los 30 mil que han construido nuestra historia.
Por todos y todas que la siguen construyendo.
Memoria, verdad y justicia. 

miércoles, 21 de marzo de 2012

Como Moc y Poc...


En alguna calle de Buenos Aires se escucha:

“¿Ya qué estamos... 21 de marzo?...
Listo. Ya podemos decir que el año está perdido…”

“No sé eso…
  Pero ya podemos decir que dejamos cosas 
para el año que viene…”

Así estamos…

Cualquier parecido con "Historias del los señores Moc y Poc"es pura coincidencia.

jueves, 8 de marzo de 2012

Libre, linda y loca...

Cuando yo era niña, en los años 20 todo lo bueno lo tenían los hombres, todo lo que tenía interés y todo lo que hacían; los hombres tenían las buenas profesiones, los hombres comían la mejor parte de la comida de la mesa, lo mejor de la comida y más cantidad: los hombres medio pollo, las mujeres , menos de un cuarto de pollo, a lo mejor las alitas y las patitas para roer, los hombres dos huevos fritos, las mujeres apenas uno y el que salió roto.

Los hombres tenían la llave, y salían de noche; los hombres tenían el caballo, tenían la bici, tenían el bote, tenían los libros –los libros eran cuatro en mi casa-  y tenían profesiones activas, de entrar y salir; profesiones interesantes: unos eran comerciantes, otro eran marinos, otros eran militares a caballo, otros eran viajantes, viajeros y otros eran el médico. Y las mujeres lavaban, fregaban, acarreaban el agua, cocinaban, parían, gruñían y daban la lata.

Pues yo no tuve envidia ni ganas de ser hombre, pero pensaba que ser hombre era mejor.

Con el transcurso del tiempo –por la terquedad, la obstinación, la rebeldía y una magnífica abuela que me decía en gallego que no le hiciera caso a nadie y que hiciera lo que me diera la gana- tuve la llave, salté por la ventana o por el tejado, tuve el bote, y tuve la bicicleta,  tuve el caballo y tuve los cuatro libros

Fernanda Monasterio
La Plata, 1992.


Para las tercas, obstinadas y rebeldes, 
que nos animamos a saltar ventanas y
conquistar mundos...