domingo, 20 de marzo de 2011

Empieza la época de caída


…de hojas y de fichas, que no se acomodan; se amontonan unas sobre otras esperando que alguien las junte, y les dé alguna forma, o que otro las patee por el aire y las haga volar de nuevo. Caen los párpados y los sueños aparecen como posibilidades a cumplirse si el esfuerzo es mucho y la vergüenza es poca. Los pies contra el piso caen, suenan, dejan marca y se levantan para volver a caer. Una lágrima cae escondida en el “nos vemos” que suena a mentira, pero no. Las botellas caen y se rompen y estallan en carcajadas. Y sus manos al caer hacen que suene marcando el ritmo. 
Caen bombas por la paz y la paz misma cae y ya no se levanta. Ellos caen en la tentación y el placer no es más fruto de lo prohibido. Se caen los dientes y el ratón Pérez tiene trabajo por hacer. Lluvia que al caer hace florecer o inunda. Se cae el pibe y otra vez con las rodillas raspadas. Caen las defensas y los mocos y la fiebre, la fiebre que sube y sube. Caen las monedas y la paciencia. Y la tarde y todo se pone naranja. Parece que faltara algo, hasta que aparece ella que se levanta inmensa, brillante, hermosa. 
Cae despacio mi mano que dibuja en tu rostro remarcando esa sonrisa.


Y la caída parece inevitable...
... porque es otoño.
Y porque es la vida.

viernes, 11 de marzo de 2011

Círculos

"En tanto el hombre se constituyó como sujeto y el mundo como imagen ,
en esta producción representadora este varón blanco,
europeo, cristiano, heterosexual y propietario o consumidor
será "medida de todo lo ente y pondrá todas las normas" "

-Uy... mirá quién está ahí- dijo la señora, esperando la complicidad del encargado.
-¿Quién? - contestó el encargado, no por cómplice sino por contestar nomás.
- El hombre que se lleva a los chicos cuando se portan mal - siguió ella como si contara algún cuento interesante.

La nena jugaba en el hall del edificio y hasta ese momento no había salido de su mundo en donde quizás era bruja, princesa, doctora, deportista o alguna super heroína. Ella jugaba, solita jugaba, y no daba señales de "portarse mal", por lo que la amenaza parecía innecesaria. Pero al escuchar, se asomó. A la vereda se asomó, para mirar al "señor que se lleva a los chicos cuando se portan mal".
Él dormía, en el piso dormía, porque tenía sueño y probablemente no tenía ni casa ni cama. Pero dormía. A metros de ella dormía, y no daba señales de "llevarse a los niños cuando se portan mal" por lo que la amenaza parecía innecesaria. Sin embargo ella lo miró, y después miró a la señora que parecía saber muchas cosas sobre hombres que se llevan a los niños que se portan mal, y así como por arte de magia surgió el miedo. Miedo a que el señor la lleve por portarse mal. Quizás porque dormía en la calle, o porque tenía la ropa un poco sucia, o quizás, porque una señora con cara de saber mucho y de querer "cuidarla" se lo decía, a la nena le parecía posible que ese señor, un poco diferente, se la lleve un día si ella se portaba mal.

Entonces, no por arte de magiasurgió el miedo.


"No se trata de la mera diferencia,
sino de la diferencia como lo negativo de lo idéntico,
por lo que, en el mismo movimiento 
en que se distingue la diferencia
se instituye la desigualdad




Y colorín colorado, el círculo de la Linyerofobia ha empezado.

domingo, 27 de febrero de 2011

Esas ganas...



"...Santiago sentía que le pasaban cosas, cosas de esas que pasan por dentro. Para empezar no podía dejar de mirar a Teresita como si tuviese los ojos pegados a la cara de ella. Y, además, sentía que todo le corría a lo loco por el cuerpo. El corazón le batía como una ametralladora. Las palmas de las manos se le iban poniendo rojas y calientes. Le zumbaban los oídos. Le latían los labios. Y se le venían las ganas. Ganas de saltar sobre Darío y sobre Gualberto y sobre Damián y sobre las bobas de tercer grado como saltan los tigres sobre los conejos. Ganas de ser fuerte, grande, feroz y alto, sobre todo alto. Ganas de tener un gran vozarrón de esos que asustan. Ganas de obligar a todos, uno por uno a pedirle perdón a Teresita Yoon con lágrimas y de rodillas. ¡Qué bárbaro! pensarán ustedes, pero Santiago era así, cuando le venían las ganas era muy exagerado. Cuando le venían las ganas era como si el cuerpo le quedara chico. 
Pero Santiago no saltó como saltan los tigres sobre los conejos, no rugió con voz que asusta y no obligó a nadie a hacer nada, porque Santiago tenía más ganas que nadie pero también era el más petiso, el primero de la fila desde siempre, y Darío por ejemplo, le llevaba una cabeza.


Pero sí, miró. Miró como sólo sabía mirar Santiago cuando le venían las ganas. Y se ve que no era una mirada cualquiera porque Teresita levantó sus ojos de laurel salvaje y lo miró a Santiago. Y después le sonrió (y a Santiago se le inundó el cuerpo con una especie de leche tibia) Y él, también sonrió. Le sonrió a Teresita con una sonrisa de veras grande.

Y bueno ya está, ahí empezó la historia"


Fragmento de "Historia de un amor exagerado"
de Graciela Montes.

viernes, 18 de febrero de 2011

EscuchAndo

Anoche escuché mis pasos.
Sonaban, esta vez se hacían oír.

Quizás, quizás el silencio permitió que esta vez se escucharan, o quizás, quizás sonaban más fuerte.
No sé si acaso es firmeza en el paso, por la seguridad de andar el camino. O un intento de dejar huella, lo que lleva a pisar con más fuerza.

Anoche escuché mis pasos y noté que estaban separados por poco tiempo, pasos cortos, acumulados y veloces. Uno tras otro como si fuera necesaria la velocidad.
No sé si se trataba de huir y escapar, o de correr para alcanzar.

Anoche escuché mis pasos,
en el silencio los escuché,
sonaban... esta vez se hacían oír...