sábado, 7 de mayo de 2011

Manos

Decía que al dormir necesitaba sentir sus manos, las propias .
Una debajo de la almohada y la cabeza pesada sobre ella. Otra entre las rodillas o casi casi sosteniendo la cadera.
Necesitaba sentir la presión. El peso de algo sobre ellas las devolvía a la conciencia cuando lo onírico arremetía.

Había quienes pensaban que esas manos, 
las suyas, tenían una tibieza especial, y hasta podían volverse recuerdo.

Lo cierto es que dormía así.
Quizás le era necesario saber que sus manos aun en los sueños existían, que aun estaban allí para  hacer hasta en los sueños.

domingo, 1 de mayo de 2011

"Yo tengo una casita que es así y así"

Una anda arrastrando deseos heredados, dicen, entre esos,  deseos que tienen que ver con la independencia y autonomía que vienen incluidos en la crianza misma. Más aquí o más allá la casa propia es uno de los deseos sobrevivientes de antiguas épocas. Según el caso particular el hecho se concreta más tarde o más temprano respondiendo a obligatoriedades, culpas, deseos, neurosis familiares y demás menesteres. Obviamente por cuestiones coyunturales sociales y económicas, hoy, en general, la independencia pasa por alquilar un espacio al cual denominamos, armamos y vivimos como "nuestro hogar" (lo de nuestro es hasta que al dueño se le de la gana, o el contrato diga) y se diferencia del "hogar familiar materno/paterno" principalmente por no pertenecerles de hecho (al menos que uno le alquile a la madre o padre que es lo mismo que entramparse)
Resulta que yo he querido "vivir sola" desde hace tiempo. En la adolescencia por soportar poco a los miembro de mi familia, cosa que "normalmente" sucede en la adolescencia. Pero ya más grandecita, cuando el amor familiar supera las diferencias individuales, seguía considerando que iba a ser mejor cuando "no vivamos juntos". 
Resulta que, hace un año, el deseo se volvió realidad, a fuerza de sangre y lágrima, de meses de haber sido "bancada" por esos hermanos que la vida nos va haciendo adoptar; después de mails, reuniones y llamados; mudanzas en trenes y ayudas imprevistas... Llegar y decir, "esta es mi casa", más que por el sentido de propiedad privada, por el sentido de independencia y libertad que un espacio propio genera.
Resulta que yo soy "de la casa", siempre lo he sido, y haber estado sin esa casa un tiempo me hace sentir orgullo de esta que estamos construyendo. "Estamos" porque somos varios los que intentamos que "La Lugones" sea lo más parecido a un hogar...  

A ese lugar donde uno tiene ganas de volver,
y de a poquito va teniendo gusto a casa...
(y aunque todavía falta)
...va siendo esta también mi casa.

viernes, 22 de abril de 2011

Al rey de la cabina:


(…) Querido amigo
(puedo llamarte así,
ni todos los besos del mundo impedirán
que también te llame de esta manera)
Querido amigo
pretendes que nada te atrape
porque sientes que todo lo hace.
Ay, ¿y si vieras que de verdad nada te atrapa?
¿De qué llenarías tus bolsillos?
(¿¡de qué no los llenarías!? más bien, famoso glotón).
Por suerte tus bolsillos siempre serán más hambrientos
que tu prudencia y cualquiera de los hilos quebradizos
de cualquiera de tus miedos.
No te enojes si me pongo tan cerca,
piensa que fue el día de lluvia, y el camino de barro
y mi cuaderno empapado, y el pez azul de la avecita muerta
y los árboles que se inclinaban como ballenas en la orilla.
(¿Podrías creer que tuve que ayudarlos, uno por uno, a regresar al mar?)
Son los feroces días de lluvia, arrastrados con cuadernos, pisando el barro
los mismos que emborrachan los árboles hasta el descuido,
hasta correr peligro, porque se olvidan si eran de agua o de tierra
y nada más se inclinan, porque eso era todo lo que querían hacer,
y tuve que ayudarlos, uno por uno, porque no se querían levantar.
Llené la casa del barro que traía en los zapatos y empapé el suelo
al quitarme la ropa mojada.
Y tú, allá alto, manejando tu grúa.
Imagino que hoy no podrías ver qué tomas ni dónde lo dejas
en tu cabina más alta que las nubes.
Tu solitario reino de las alturas,
y de todos modos
ayudando a los demás. (…)


Paloma
Luis María Pescetti.

sábado, 9 de abril de 2011

¿Y entonces?

No sé si espero, y si acaso se trata de esperar no sé bien qué.

"Vas a tener que confiar en mis traducciones".

Confiar. Se confía a ciegas, o se confía porque se sabe qué, o aunque sea porque se intuye qué.
Es porque sí, ¿a pura entrega? O es porque ya hemos espiado atrás de la puerta y sentimos que, creemos que, pensamos que, sabemos que…

Y entonces ¿qué?
¿Qué o cómo?
Entonces ¿cómo?
¿Cómo se espera? Como si nada, y entonces llega y todo es sorpresa. O se espera esperando, con la ansiedad que eso implica, con las ganas del ya mismo.

Y si se espera… ¿se declara la espera?
Hay que saber que se espera, que nos están esperando, que me esperás, que te espero... O se espera en secreto, hablando bajito, disimulando, que no se note, haciendo de cuenta que no.

¿Y entonces?
Entonces espero.
Qué… no sé.
Cómo… así.


Piensa de otra manera
lluvia y así te espera
corro y parece que te alcanzo
para cantarle: ¡Hurry!
Hugo Fattoruso