Una anda arrastrando deseos heredados, dicen, entre esos, deseos que tienen que ver con la independencia y autonomía que vienen incluidos en la crianza misma. Más aquí o más allá la casa propia es uno de los deseos sobrevivientes de antiguas épocas. Según el caso particular el hecho se concreta más tarde o más temprano respondiendo a obligatoriedades, culpas, deseos, neurosis familiares y demás menesteres. Obviamente por cuestiones coyunturales sociales y económicas, hoy, en general, la independencia pasa por alquilar un espacio al cual denominamos, armamos y vivimos como "nuestro hogar" (lo de nuestro es hasta que al dueño se le de la gana, o el contrato diga) y se diferencia del "hogar familiar materno/paterno" principalmente por no pertenecerles de hecho (al menos que uno le alquile a la madre o padre que es lo mismo que entramparse)
Resulta que yo he querido "vivir sola" desde hace tiempo. En la adolescencia por soportar poco a los miembro de mi familia, cosa que "normalmente" sucede en la adolescencia. Pero ya más grandecita, cuando el amor familiar supera las diferencias individuales, seguía considerando que iba a ser mejor cuando "no vivamos juntos".
Resulta que, hace un año, el deseo se volvió realidad, a fuerza de sangre y lágrima, de meses de haber sido "bancada" por esos hermanos que la vida nos va haciendo adoptar; después de mails, reuniones y llamados; mudanzas en trenes y ayudas imprevistas... Llegar y decir, "esta es mi casa", más que por el sentido de propiedad privada, por el sentido de independencia y libertad que un espacio propio genera.

Resulta que yo soy
"de la casa", siempre lo he sido, y haber estado sin esa casa un tiempo me hace sentir
orgullo de esta que estamos construyendo. "Estamos" porque somos varios los que intentamos que
"La Lugones" sea lo más parecido a un hogar...
A ese lugar donde uno tiene ganas de volver,
y de a poquito va teniendo gusto a casa...
(y aunque todavía falta)
...va siendo esta también mi casa.